Pies de mujer apoyados sobre los reposapiés de una silla de ruedas

EROTISMO TULLIDO: La apuesta por un placer diverso

Estoy trabajando delante del ordenador. La luz de la pantalla me mantiene absorta, cuando, de repente, la alerta de un mensaje nuevo me saca de mi letargo. Un desconocido me saluda y me pide amistad por Facebook. Por su foto, parece un hombre de unos 50 años, corpulento y de aspecto simpático.
Dice llamarse el “amante sin barreras”, jajajaja. Me invita a que conversemos por web-cam. Le acepto, ese nombre me hace gracia y despierta en mí una gran curiosidad. Me sorprende gratamente al verle. Es mucho más interesante que lo que intuía en la foto.

Le pregunto el porqué de ese nombre, y me comenta que es un gran amante con diversidad funcional física, motivo por el que usa silla de ruedas. ¡Gran amante!, demasiado pretencioso, pienso. Aun así, me apetece seguir la conversación.

Empezamos a contarnos lo típico: a qué nos dedicamos, cómo nos llamamos, dónde vivimos, si tenemos pareja y/o hijas e hijos, la música que nos gusta… En todo momento, mantiene su nombre ficticio. De forma muy sutil va intercalando preguntas un tanto subidas de tono, “¿qué llevas puesto?, ¿qué partes de tu cuerpo te gustan más, me las muestras?, ¿qué juegos eróticos te ponen más cachonda?, ¿has practicado cibersexo?, ¿te apetece hacerlo ahora?…

La conversación me sonrojó un par de veces, sin embargo, no impidió que siguiera el juego erótico que ya había comenzado. No me atrevo a confesarle que me encanta la propuesta. Su mirada, parece penetrante y sus labios, medio escondidos por su barba, dan ganas de ser devorados a besos. Quiero mostrarle poco a poco mi cuerpo, mientras me va diciendo cosas que me exciten. Me marca el ritmo y la velocidad a la que tengo que quitarme la ropa.

De vez en cuando me gusta mostrarme pasiva, así que le dejo que vaya diciendo. Por su expresión intuyo que se está excitando. Yo también empiezo a proponerle que se desnude y, curiosamente, para hacerlo, me pide que quite la cámara por unos segundos, mientras entra en la habitación su asistente sexo- personal. Veo como le está quitando la camiseta a rayas rojas y blancas en sentido horizontal. Me parece muy sensual, puesto que se la va quitando lentamente para no hacerle daño. Llega el momento de los pantalones y, para ello necesita que con el apoyo de una grúa, su asistente lo ponga en la cama. Por eso mismo mueven el ordenador.

Una vez en la cama, le baja los pantalones y el bóxer. Mmmmmmmm, ahí está su miembro muy erecto. Cómo me gustaría acariciarlo. Su asistente se retira de su habitación y vuelvo a poner mi cámara para que pueda verme de nuevo. Estoy muy excitada y me apetece que me vaya recorriendo a través de sus palabras y susurros todo mi cuerpo y, que me pida dónde quiere que me toque. Tengo ganas de acariciarme toda. Aunque no tiene una gran movilidad, sin lugar a dudas, se está retorciendo de placer. Y, yo también.

Así hemos pasado un buen rato. No me ha querido decir su nombre, pero el encuentro cibersexual ha sido muy placentero y erotizante. Hemos quedado en vernos a primeros del mes que viene para tomar una copa y lo que surja. Mi amante sin barreras es todo un desafío para mí. El placer diverso es excitante. Quiero que las semanas pasen pronto y, podamos quedar.

ARNAU RIPOLLÉS, Mª. S. (2014): «El Sexo sobre ruedas», en AAVV (2014): Colección Deseo. Vol. 3. 7 Relatos excitantes. Editado y distribuido por DISLIESIND. Págs. 11-18.

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